
Números, números, cuentas, meses, días. Planifica. Escribe en un papel un calendario. Llénalo de garabatos. Tacha, borra, vuelve a escribir. Llama, visita, observa, ve, piensa. Vuelve a pensar. Así no, no conviene. Así sí, sí conviene. Pregunta, consulta en google. Nuevos cálculos. Llega, no llega. Sí llega. Oriéntate. Lugares nuevos, callejea. Ojos pegados al ordenador. Llamada, sí, no. Vuelve a planificar todo otra vez. Otra vez las cuentas. Aumento exagerado de pensamiento tipo “ y si… pues esto, o si no…, pues lo otro”. Hoja de cálculo, mesa llena de papel, gafas, vaso de agua, flexo. ¿Podemos? Sí. Uf. Uf. Planifica, calcula. Calendario en papel. Lunes, Martes, Miércoles… Septiembre, Octubre, Noviembre, ¡Diciembre!
Esto es. El planificador, planificado. Menos mal que hay personas que están ahí cada vez que se las necesita. Aunque sólo escuchen.
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